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      Un salón abuhardillado o con techo inclinado: consejos y trucos de decoración

      Un salón abuhardillado o con techo inclinado puede parecer más pequeño de lo que realmente es, oscuro o difícil de amueblar, cuando en realidad ofrece un gran potencial para convertirse en un espacio acogedor. Trabajando los volúmenes, los colores y la elección de cada mueble de salón, es posible transformar este espacio limitado en una estancia acogedora, práctica en el día a día y agradable para vivir. Un mueble de salón bien proporcionado, algunas soluciones de almacenamiento ingeniosas y una iluminación bien planificada suele ser suficiente para aprovechar al máximo sus ventajas.

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      Comprender las limitaciones de un salón abuhardillado

      Antes de elegir el más mínimo mueble, es esencial observar la configuración del salón abuhardillado. La altura del techo varía de un lado a otro, las paredes inclinadas reducen las zonas con suficiente altura para estar de pie y las ventanas de techo crean a veces zonas de iluminación localizada. Identificar las alturas cómodas, los lugares donde uno se golpea fácilmente la cabeza y las zonas poco utilizables en posición de pie permite definir un plan de decoración realista.

      En este tipo de espacio, cada centímetro cuenta. Las zonas más bajas, en las que no se puede uno levantar completamente, se convierten en espacios ideales para instalar asientos, muebles de almacenamientos bajos o un mueble de TV a medida. Las partes más altas son más adecuadas para el paso, para la apertura de las puertas y la circulación diaria. Diferenciando estas dos zonas, evitas colocar un sofá bajo una pendiente demasiado baja o una librería en un lugar de difícil acceso.

      En un salón abuhardillado o con techo inclinado, mover un enchufe puede ser más complicado que en un salón clásico, sobre todo si las paredes son de piedra o si la buhardilla ya ha sido acondicionada. Conviene adaptar el plan de mobiliario a estas limitaciones, aunque haya que utilizar regletas discretas, lámparas de pie o apliques murales para completar la iluminación.

      Elegir muebles adaptados a los volúmenes

      En un salón abuhardillado, los muebles bajos se convierten en grandes aliados. Un sofá de poca altura, un mueble de TV bajo o una vitrina baja encajan fácilmente bajo la pendiente sin generar una sensación de sobrecarga visual. Por el contrario, los sofás con respaldos demasiado altos o las librerías voluminosas pueden acentuar la sensación de techo bajo y hacer que el espacio parezca más reducido.

      Opta por modelos abiertos, con patas visibles, para no sobrecargar la estancia. Un sofá con patas, una mesa de centro ligera y un mueble de salón de líneas depuradas favorecen el paso de la luz y evitan el efecto «bloque». Los muebles modulables, como los pufs o las pequeñas estanterías componibles, se adaptan especialmente bien a estos volúmenes irregulares.

      Los muebles a medida constituyen una opción interesante en las zonas más complicadas. Una gran pared bajo la pendiente puede albergar una librería diseñada a la altura disponible, con módulos más profundos en las partes altas y huecos más compactos en las zonas bajas. Un mueble de TV diseñado para adaptarse a la pendiente ofrece a la vez un soporte para la pantalla y un volumen de almacenamiento adicional para los aparatos o los accesorios. Este tipo de solución aprovecha mejor el espacio sin dificultar la circulación.

      Aprovechar la pendiente para crear almacenamiento

      Un salón abuhardillado puede carecer rápidamente de armarios, sobre todo si la buhardilla se ha acondicionado sin prever almacenamiento cerrado. Sin embargo, las partes bajas bajo la pendiente resultan ideales para soluciones de almacenamiento a medida o muebles bajos. Una vitrina baja, módulos cerrados o una serie de cajones deslizados a lo largo de la pared inclinada permiten guardar las mantas, los juegos de mesa, los libros o la vajilla de uso ocasional.

      Las soluciones a medida se adaptan perfectamente a la pendiente del tejado y aprovechan cada rincón. Puedes, por ejemplo, combinar armarios cerrados en la parte más baja, con baldas abiertas encima para exponer algunos objetos decorativos. Esta organización permite ocultar las cosas del día a día detrás de puertas de diseño sencillo, manteniendo al mismo tiempo una apariencia visual ligera en la parte superior, sin sobrecargar la estancia.

      En un salón pequeño abuhardillado, puede ser acertado optar por un mueble de salón multifuncional. Un banco con baúles integrados bajo el asiento, instalado a lo largo de la pared inclinada, ofrece a la vez plazas de asiento adicionales y un volumen de almacenamiento discreto. Una consola poco profunda deslizada bajo la pendiente puede servir de soporte para libros o plantas, evitando al mismo tiempo entorpecer la circulación.

      Delimitar las zonas del salón bajo techo abuhardillado

      Incluso en un salón de espacio reducido, estructurar las funciones de la estancia sigue siendo esencial. Un salón abuhardillado puede acoger varias zonas: un rincón de TV, un espacio de lectura, un pequeño escritorio o un comedor, siempre que se distribuyan correctamente. Más que colocar los muebles al azar, conviene reflexionar sobre la forma en que utilizas la estancia en el día a día.

      La pendiente del tejado condiciona de forma natural ciertas distribuciones. Una zona más baja resulta ideal para crear un rincón de descanso con un sofá, sillones bajos y una mesa de centro, donde la circulación es menor. Las zonas en las que la altura es más cómoda pueden acoger un escritorio, una mesa o un espacio de juego para los niños. Una alfombra, un cambio de color en la pared o la orientación del sofá bastan para delimitar los espacios entre estos diferentes usos sin compartimentar.

      En un salón abuhardillado, la circulación debe seguir siendo fluida a pesar de ciertos obstáculos. Evita colocar un sofá de espaldas al paso principal o una gran librería en un pasillo estrecho creado por la pendiente. Opta por muebles poco profundos, alinea los principales elementos sobre las paredes más altas y conserva zonas de paso despejadas entre la entrada, la ventana y el rincón de descanso.

      Trabajar la luz natural y artificial

      La luz desempeña un papel fundamental en la percepción de un salón abuhardillado o con techo inclinado. Las ventanas de tejado y las pequeñas aberturas laterales no siempre distribuyen la luz de forma uniforme. Para evitar las zonas de sombra, elige paredes y techos en tonos claros que reflejen la luz, sobre todo en la propia pendiente. Los matices de blanco roto, de beige claro o de gris muy suave agrandan visualmente la estancia.

      La iluminación artificial complementa la luz natural. En un salón abuhardillado, el plafón central no siempre es posible o suficiente. Multiplica las fuentes: lámparas de pie cerca del sofá, apliques fijados en las partes de pared vertical aún disponibles, lámparas sobre una consola o una mesa auxiliar. Unas tiras LED integradas bajo un mueble de salón o en un hueco bajo pendiente también pueden resaltar la arquitectura de la estancia y crear una iluminación ambiental agradable.

      Piensa por último en las cortinas y los estores adaptados a las ventanas de tejado. Estores opacos o translúcidos permiten controlar la entrada de luz en verano y preservar la intimidad por la noche. Sobre una pequeña ventana vertical, un visillo ligero suaviza la entrada de luz y aporta privacidad. El conjunto contribuye a una atmósfera acogedora, sin oscurecer la estancia.

      Jugar con los colores y los materiales

      En un salón abuhardillado, el color debe elegirse con cuidado. Los tonos claros en las paredes y el techo siguen siendo una apuesta segura para agrandar visualmente el espacio y suavizar los cambios de altura. No obstante, puedes introducir un color más marcado en una pared del fondo o detrás del sofá, para estructurar la estancia y darle más profundidad.

      Los materiales también desempeñan un papel importante en la creación del ambiente. Un suelo de madera clara, una alfombra gruesa, cojines de terciopelo o de lana y algunas mantas invitan a la relajación, sobre todo en un salón bajo la buhardilla. En un espacio muy blanco, algunos toques de materiales más naturales, una cesta de fibras naturales, una mesa auxiliar de madera, una lámpara de ratán, aportan calidez al ambiente sin sobrecargarlo.

      Para mantener un conjunto coherente, limita el número de colores dominantes. Una paleta de tres tonos principales, combinados en diferentes tonalidades, basta generalmente para crear un salón armonioso. Los motivos pueden aportar dinamismo a través de los cojines, las cortinas o un papel pintado discreto en una parte de la pendiente. En un salón abuhardillado, este control de los colores evita el efecto «patchwork» y realza la singularidad del volumen.

      Accesorios y pequeñas piezas para un salón abuhardillado práctico

      Los accesorios completan la decoración sin sobrecargar la estancia. En un salón abuhardillado o con techo inclinado, conviene elegir algunos elementos bien visibles en lugar de una multitud de objetos pequeños. Un gran cuadro colgado en una porción de pared vertical, un espejo que refleja la luz o una balda de diseño sencillo bastan para personalizar el espacio.

      Las mesas auxiliares son especialmente útiles en este tipo de espacios. Una mesa auxiliar ligera, que se puede desplazar fácilmente, sustituye a veces a una mesa de centro maciza difícil de encajar bajo la pendiente. Mesas auxiliares estrechas encajan fácilmente entre un sofá y una pared inclinada, ofreciendo al mismo tiempo una superficie de apoyo para una lámpara o una taza. Estos elementos flexibles permiten ajustar la decoración según los usos, lo que resulta especialmente útil en una superficie pequeña.

      Por último, algunas plantas bien elegidas aportan frescura sin saturar el suelo. Unas plantas colgantes cerca de las ventanas, una gran planta en un rincón suficientemente alto o algunas macetas colocadas sobre un mueble de salón bajo bastan para aportar vida a la estancia. El objetivo sigue siendo mantener una impresión de espacio y de claridad, al mismo tiempo que el salón resulta más cálido y acogedor.

      Réhane Félix
      Réhane Félix
      Periodista web
      Vaya donde vaya, ¡la decoración siempre me alcanza! Como un motivo familiar que se repite en el tejido de mi día a día. No es de extrañar, me diréis: ¡soy tapicera de profesión! Siempre me ha fascinado la magia de un tejido y el poder de un color: esas pequeñas cosas que pueden transformar un lugar, contar una historia, darle alma. Así que en lugar de aparcar esta pasión en mi tiempo libre, preferí darle otras formas, otras palabras...